El sendero del ansioso está plagado de
riscos y barrancos en medio de las azarosas arenas movedizas de la angustia,
aunque algunos días transcurren tranquilos, como el agua del caudal enorme,
sin agitación de pecho, sin depresión, sin sentimientos de despersonalización,
el sueño se concilia bien, y hasta las canciones suenan mejor ese día, como en
aquellos ratos en los que me sentaba a leer sin preocuparme de nada mas, en una
biblioteca.
¿Y qué has de esperar de esos días
tranquilos? nada, gozarlos, porque no son tantos, no hay que esforzarse por
tenerlos, el afán de no perderlos los hace huir, contarlos es peor, has de
saber que se van, como todas las cosas buenas, la vida también se va, y llegara
el fin de todos los afanes, hasta la locura insoportable tiene su fin, el hastío
eterno de la injusticia y la inmoralidad se esfuma, ya tendré tiempo para refocilarme
en el cieno de la melancolía, de lamentarme y crujir mis dientes....
Solo son unas gotas de rocío en un
desierto, la infinita belleza de lo escaso...
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