miércoles, 25 de noviembre de 2015

mordidas...

El joven montaraz amante de la naturaleza salta sobre la yerba verde y brillante, sintiendo el fragante aroma de los claveles en flor, avanza con el júbilo de los que han alcanzado los elíseos, Helena lo espera al otro lado del campo de flores, y danza en círculos alrededor del sol, como si el astro rey danzara con ella, Talo y Helena se encuentran ahora dentro de una cueva, cubierta por las hojas de los helechos que la cubren como un cómplice escondite que permite a la lascivia convertirse en caricias impúdicas...


Los labios se encuentran en el cieno de la oscuridad, una mano va a un seno, que es acariciado de todas las formas, en círculos, de arriba a abajo, jalado, chupado, y otra mano toma sus posaderas como quien asiste unas buenas sandias, mientras las respiraciones se agitan y las lenguas se acarician de forma obsesiva. Talo muerde  el cuello virginal de  Helena sin piedad, siente deseos vampiros de su sangre joven y ardiente, y Helena manda reciproco gesto, pero esta vez Talo Chilla, ella ríe, y su carcajada se escucha siniestra en las paredes de la nave del reino de hades, el vuelve a gritar "Basta Helena, ya no es sensual", y ella suspende a sus risas, sus piernas que lo habían amparado como la dulce madre al neonato están ausentes de él, y llenos de miles de brazos que la tocan, pero ya no la excita, se desfigura la cara cuando una luz cruza por casualidad, y solo puede ver un nido de serpientes, y el cuerpo de Talo desfigurado por los cardenales inflamados de cada mordida que le han propinado, ella comienza a sentir tales picazones, agonizando en un marasmo de locura y dolor, las serpientes se han amparado en el amor clandestino, y ahora son prosperas sus santas panzas que recibieron los dictados de su corazón...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario