Las bonitas palabras no curan, así que decidí
ir a mi cita con la psiquiatra religiosamente, comencé el día con un
inexplicable nerviosismo, que parecía a veces querer salirse de control, tenía
que preguntarle tanto como pudiera, por todo, Ella accedió a la idea de
que era necesario en algún momento intervención directa en el tema de abandonar
la Benzodiacepina, y me dio una orden de hospitalización para cuando quisiera
ejecutarla, no sé cuándo la tomare, creo que en vacaciones, para poder hacerlo
sin que afecte mi trabajo, sin la preocupación de tener que deberle nada al
jefe, o esperar a que me rebajen en las evaluaciones institucionales al final
del año, porque de mil amores, lo haría ya mismo.
Me gusta que no sea reservada, me cuenta
que algunas personas, esos medicamentos ni siquiera les hacen cosquillas, que
toca tratarlos con antipsicóticos, y a veces con las dosis más fuertes, y que
algunos no tienen éxito, que ella se frustra cuando tiene un paciente que sabe
que sería sencillo curarse, o recuperarse pero no lo hace, no se recupera, me
dice que lo mío es más que todo psicológico, creo que tiene razón, pero no
tengo las llaves para salir de este laberinto, necesito ayuda, necesito quien
sostenga mi mano y me guie en el valle de sombras de muerte, una mano humana,
una persona, alguien que me muestre que hay luz al final de la oscuridad, por
ahora tengo la esperanza que el mundo puede ser un lugar mejor.
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